Especiales Notiglobo Notiglobo

Confinamiento por COVID-19: El mayor experimento psicológico de la historia


Elke Van Hoof, especialista en estrés y trauma, cree que se le está prestando poca atención a las potenciales secuelas psicológicas que dejarán en el mundo la pandemia del coronavirus


Nelson Gimón.- El prolongado confinamiento al que se ha visto sujeto al menos una tercera parte de la población mundial a causa de la pandemia del covid-19 ha causado muchos estragos a la sociedad en general y, de acuerdo a expertos en la materia, particularmente a las personas en lo individual.

Esto último es así porque meses de encierro pueden llevar a importantes consecuencias psicológicas. La especialista en estrés y trauma Elke Van Hoof, profesora en psicología de la salud de la Universidad de Vrije (Bruselas), es firme creyente de esta teoría, llegando incluso a decir que el confinamiento por el coronavirus es el mayor experimento psicológico de la historia.

Van Hoof, en entrevista para BBC Mundo, ha comentado que la falta de atención de las autoridades a la asistencia psicológica durante la pandemia hará que el mundo pague el precio tarde o temprano, por más que de entrada pareciera que la gente está respondiendo bien a la coyuntura…

Porque sí, eso es lo que se está apreciando en primeras instancias: resiliencia y capacidad de reinventarse lo mejor posible sin importar la difícil situación. Sin embargo, esa desatención a lo que es la salud mental en el escenario planteado por el coronavirus no es cuestión de juego…

De riesgos y consecuencias

Indica Elke Van Hoof que tanto el confinamiento como la salud mental de los pacientes (y de sus entornos) se deben monitorear para tener un buen panorama del alcance de lo que se está enfrentando, pues es algo sin precedentes. Y tan desconocido es que, efectivamente, lo ha llamado el mayor experimento psicológico de la historia.

“No sabemos cómo responderán las personas. Previamente pusimos a personas encerradas con el brote del ébola, pero eso fue algo local, en una escala menor y solo en algunos países. Ahora tenemos compañías que tuvieron que cerrar y un tercio del mundo confinado. Entonces no tenemos ningún modelo, no sabemos qué va a pasar. Y eso para mí eso es la definición de un experimento”, espeta.

Un experimento, por cierto, que tendrá consecuencias mentales: sensación de estar abrumado, no poder hacer frente a las obligaciones, tener problemas para dormir, volverse más irritable, entre más.

“Si tienes una estructura familiar, entonces no estás solo. Pero si no la tienes, todo se torna bastante solitario”, explica, y agrega: “Muchas personas han estado o están en cuarentena más de dos meses, con solo el contacto social de ir al supermercado o conectarse en línea en una reunión o encuentro social. Así que los sentimientos de soledad han aumentado mucho”.

A futuro, esas consecuencias pueden derivar en cosas peores como, por ejemplo, el abuso de sustancias o el abuso físico. “Para esas personas que ahora están encerradas, veremos cuáles son las consecuencias dentro de un par de meses”, sentencia.

Otros riesgos del confinamiento son el aumento de la violencia en los hogares producto de un estrés tóxico abrumador, amén de un alza en la posibilidad de desarrollar desórdenes postraumáticos (sobre todo en grupos particulares como las personas que trabajan en el cuidado de la salud ya que están en la primera línea de las zonas de guerra).

De síntomas y el futuro

El primer paso a la recuperación de todo mal es aceptar que ese mal existe, y la realización de que el mismo existe se logra identificando los síntomas. En el caso que compete a potenciales desórdenes de la salud mental como consecuencia del confinamiento por la pandemia, estos podrían ser: sentirse más ansioso, presión en el pecho, falta de aire, no dormir bien, estar más irritable, volverse demasiado emotivo, entre otros.

“Tenemos que enfatizar que estas son respuestas normales a una situación excepcional y en realidad es una señal de que el cuerpo y el cerebro están tratando de adaptarse a la nueva realidad”, explica Van Hoof, agregando eso sí que una alerta se debe levantar cuando ya no se puede funcionar normalmente en las rutinas diarias.


Le puede interesar: ¡Seis meses del COVID-19! ¿Qué saben realmente los científicos del nuevo coronavirus?


“Ahí es donde es bueno salir y buscar asistencia, puede ser autoayuda o apoyo profesional”, dice, aunque recalcando el hecho de que al tema, en este momento, no se le está dando la importancia que requiere en las más altas esferas (de hecho, la experta espera de las autoridades que se aboquen a generar más espacios de atención en este tipo de coyunturas).

Ahora bien, ¿qué pasaría si no se presta mejor atención al asunto? “Las personas no estarán aptas y no podremos volver a hacer funcionar la economía. Si no prestamos suficiente atención a la salud mental, no existe una resiliencia. Si no se responde rápidamente a posibles problemas que las personas puedan sufrir, entonces tendremos una bomba de tiempo”, suelta la especialista.

Por último, Van Hoof dice que no es demasiado tarde para actuar. “Siempre se gana cuando se avanza hacia una mejor atención a la salud mental de nuestra población en general. Tenemos muchas herramientas como los trabajadores sociales, psicólogos, y la autoayuda”, sentencia, pidiéndole a la gente que ponga de su parte, identifique cuando haya problemas, y sea valiente a la hora de buscar esa ayuda.

(Con información de BBC Mundo)

Redes sociales

Archivo

Categorías