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¡Seis meses del COVID-19! ¿Qué saben realmente los científicos del nuevo coronavirus?


Medio año ha pasado desde la llegada del SARS-CoV-2, y es mucho lo que se ha revelado sobre la naturaleza de este virus que tiene en jaque a la población mundial


Nelson Gimón.- La pandemia del COVID-19 tiene ya poco más de seis meses azotando al mundo, con innumerables bajas en su haber, y afectando de forma sin precedentes a la economía y el ámbito social. Tomando eso en cuenta, los esfuerzos para tratar de contener la enfermedad han sido monumentales, con la comunidad científica a la cabeza.

Ahora bien, ¿qué han descubierto los científicos con respecto al COVID-19 y el coronavirus que la causa en este medio año? Veamos…

De la incepción al rastreo

El doctor Li Wenliang fue el primero en descubrir algo. Lo hizo en el Departamento de Emergencias del Hospital Central de Wuhan (China) a finales del año pasado, disparando la alarma internacional. Por ello fue detenido, y eventualmente contrajo la enfermedad y murió (febrero de 2020).

Entre la alerta de Li y su muerte, los casos aumentaron drásticamente en Wuhan y el mundo. Muchos expertos entonces comenzaron a investigar a fondo, y el 10 de enero de 2020 se publicó la primera secuencia genómica de lo que llamaron el SARS-CoV-2. Los autores fueron varios científicos del Instituto de Virología de Wuhan, quienes realizaron esta investigación en tiempo record.


DATO: Las conclusiones fueron que se trataba de un tipo de coronavirus 80% idéntico al SARS. También se descubrió que el SARS-CoV-2 saltó de un animal a un humano, y todas las pruebas apuntaban a un murciélago.


A medida que el brote avanzó, científicos del mundo comenzaron a pesquisar el nuevo coronavirus de dos maneras. Primero, con ‘rastreadores de contactos’ (personas encargadas de rastrear y aislar a posibles infectados. Segundo, con ‘rastreadores remotos’ (expertos que indagaban el código genético del virus para comprender qué tan rápido se estaba extendiendo por el planeta).

La comunidad científica hizo una gran labor con estos métodos, y pronto estuvo montando resultados de todo tipo en una base de datos de código abierto para que expertos internacionales pudieran trabajar en conjunto contra la amenaza. ¿El resultado de esto? Se descubrieron desde mutaciones en el código genético hasta pistas dejadas por el virus, pasando por errores tipográficos en el genoma.

Dicho de otro modo, este rastreo mundial develó finalmente la naturaleza devastadoramente infecciosa del SARS-CoV-2. Y fue tan minuciosa esa labor que, ya para finales de enero, se develó que muestras de todo el globo compartían genomas extremadamente similares. ¿La causa? Que grupos masivos de contagio tenían un mismo foco puntualizado de infección originaria en tal o cual país o incluso región.

Eso permitió comprender cómo se estaba propagando el virus, y trajo una nueva diatriba: contener al SARS-CoV-2 sería un gran problema debido a su capacidad caótica y única de moverse de forma silenciosa a través de una población, a veces desencadenando una enfermedad mortal, pero, con mayor frecuencia, causando síntomas leves o ningún síntoma.

Curiosamente, la respuesta a esa diatriba vino de Italia, donde en un pequeño pueblo se creó una oportunidad única, con miles de personas sometidas a pruebas repetidas mientras vivían en cuarentena a causa de un deceso por la enfermedad. Los resultados: la ‘propagación silenciosa’ era una realidad gracias al establecimiento de lo que es hoy la escala de los casos asintomáticos (se suele ubicar ahora en un 70%).


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Más descubrimientos… ¡y la vacuna!

En estos meses, otro gran descubrimiento ha sido que el virus solo puede ingresar al cuerpo humano enganchándose a unos receptores específicos que se encuentran en la superficie de las células, conocidos como ACE-2. ¿El problema? Que estos están en prácticamente toda la anatomía.

Esta gran extensión de los ACE-2 es la razón por la que la enfermedad causa una gama tan amplia de síntomas, haciéndola sumamente peligrosa y, por supuesto, fácil de transmitir. En ese sentido, ¿qué hacer entonces para parar la pandemia? La respuesta es simple: con una vacuna.

Actualmente hay 124 grupos diferentes que compiten por ser los primeros en desarrollar una vacuna contra el llamado COVID-19. Algunos expertos afirman que podrían tenerla lista tan pronto como septiembre, y que la fabricación y distribución demoraría entre 12 y 18 meses más.

Otros no son tan optimistas, pues creen que la clave será realmente la calidad de la vacuna en sí, y su capacidad de funcionar para la mayor cantidad de personas, deteniendo tanto los síntomas como la transmisión.

(Con información de BBC Mundo)

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