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Hace 20 años cayó la Unión Soviética

Al cumplirse 20 años de la desaparición de la Unión de República Socialistas Soviéticas (URSS), Rusia parece estar ante un momento trascendental, tal vez otro punto de inflexión en su historia: la finalización de la llamada “era Putin”, que lleva 11 años gobernando el país.

El día de Navidad del año 1991, en un mensaje emitido por televisión Mijaíl Gorbachov presentó su dimisión como jefe supremo del gobierno de la URSS; con lo que no sólo puso fin al régimen comunista que se desmoronaba poco a poco desde hacía años, sino que cambió el mapa geopolítico del mundo.

Artífice de la “perestroika” (apertura y reforma económica) y la “glásnost” (transparencia y liberalización del sistema político), Gorbachov encontró desde 1885 cuando asumió el poder serias trabas para instrumentar los cambios que permitiesen modernizar la URSS, por parte de la nomenklatura más ortodoxa del partido comunista. En agosto de 1991, fue objeto de un fracasado golpe de estado, resistido por las fuerzas militares, el pueblo ruso que rodeó la Duma (parlamento) y el derechista alcalde de Moscú, Borís Yeltsin. Los golpistas fueron apresados al cabo de dos días y sometidos a juicio. Ya no había nada que hacer: la antigua superpontencia se derrumbaba como un castillo de naipes.

En aquel discurso navideño, Gorbachov atribuía todas las responsabilidades del fracaso de la Unión Soviética al sistema de “ordeno y mando” instaurado por la nomenklatura y admitía que su perestroika “provocó serias tensiones en la sociedad” ante la férrea resistencia del viejo sistema.

Poco antes de su alocución, el todavía Presidente de la URSS había transmitido a Yeltsin el botón de mando de las armas nucleares, con lo que también cedía un signo de poder y daba una señal clara sobre la disminución de una conflagración mundial. Una semana más tarde, la bandera roja de la Unión Soviética, con el martillo y la hoz, era arriada para siempre del Kremlin. Desde entonces se izó la bandera tricolor rusa.

Hoy, a veinte años de aquel momento histórico, los rusos asisten a un escenario político y social complejo, que hace tambalear el sistema instaurado por Vladimir Putin hace once años. A tres meses de las elecciones presidenciales, una multitudinaria concentración en Moscú, transmitida por la televisión oficial, ha puesto contra las cuerdas la “era Putin”.

“La contestación no va a decaer. Ya ni siquiera es un tema de manifestaciones, sino de la opinión pública que ya no considera al poder actual como una institución” legítima, dice Evgueni Gontmakher, dirigente del centro de política social del Instituto Económico, para quien Rusia lanza señales de una “situación prerrevolucionaria”.

“¿Quién querrá apoyar la corrupción, la injusticia y un sistema sordo en el que progresa la idiotez? ¡Nadie! Ni siquiera los que forman parte de él”, declaró Vladislav Surkov, adjunto al jefe de la administración presidencial y principal ideólogo de la era Putin.

¿Estaremos hoy ante un nuevo episodio de la magnitud del ocurrido hace veinte años? Tal vez no, pero lo cierto es que los regímenes basados en el personalismo, la mineralización de la ideología y la confiscación de las libertades, no terminan nada bien. La historia lo ha dicho muchas veces.

@afnays | @notiglobo

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