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El chavismo sin Chávez: una buena noticia

NOTIGLOBO.-

“El chavismo sin Chávez no existe” declaró ayer el vicepresidente ejecutivo Elías Jaua. Una frase lapidaria que encierra algunas certezas y deja al desnudo la naturaleza política del régimen. Se trata, en primer lugar, de una confesión de la vocación personalista del fenómeno politico-sociológico-religioso que es el chavismo. Una dependencia absoluta hacia el líder, como lo han sido a lo largo de la historia los regímenes autoritarios. El caudillo carismático en torno a quien se articula toda la acción del gobierno y de sus prosélitos. El líder necesario en cuya ausencia todo se cae.

Jaua aseguraba que durante la convalescencia del mandatario, debido al tratamiento contra el cáncer, jamás dentro del partido (PSUV) se plantearon una sucesión. Cuesta creerlo, aunque es cierto que la presencia del líder garantiza unos equilibrios internos, que impiden el boxeo de sombras que suele plantearse cuando legítimamente varios líderes internos aspiran a ganar espacios y escalar en la jerarquía. Pero al mismo tiempo, la confesión del vicepresidente deja patente una verdad: estamos frente a un régimen de tenor autoritario en el que, si cae el líder, se hunde también el régimen. Así fue en la España de Franco, como en la Italia de Mussolini o la Argentina de Perón. Si fuese un régimen totalitario, como la antigua Unión Soviética, el poder reposaría en el partido: si cae el líder, el partido dispone del mecanismo para reemplazarlo. Murió Lenin, ascendió Stalin y luego Jruhschov, Brézhnev y finalmente Gorbachov. Y luego por otras circunstancias, se desplomó todo el régimen.

La impronta personalista del proyecto de Chávez tiene mucho que ver con su propia personalidad (egocentrismo, sectarismo, venganza), pero también con las características atávicas de un pueblo históricamente acostumbrado al Gendarme Necesario, y el propio sistema presidencialista que reposa en una muy fuerte figura del mandatario. El tema ya no es tanto aquí la estructura política-burocrática que ha establecido el propio Estado sino las ambiciones de poder (y perpetuación en el poder) que residen tras el líder, en este caso, puestas de bulto desde el mismo momento en que se copan casi todos los espacios de participación política, los poderes públicos, buena parte del aparato productivo y se plantea la reelección indefinida.

Desde la perspectiva opositora, que no exista chavismo sin Chávez es una buena noticia. Dentro de los pocos canales instrumentales democráticos que ha conservado el régimen, como las elecciones, es preciso plantearse una estrategia creíble, realizable, efectiva, que logre desmitificar las supuestas bondades del gobierno personalista, destapar esos velos ideológicos que impiden ver más allá de conceptos rígidos y nuclear alrededor de esa propuesta a la mayoría. Desplazado el líder, la base se disuelve o se atomiza. A lo interno corre otro proceso. El líder carismático-mesiánico es como un corcho en una botella de espumante. En lo que se agite mucho la botella el corcho saldrá disparado y el envase quedará vacío.

@afnays |@notiglobo

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