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El infierno y el paraíso del chavismo

NOTIGLOBO.-

“El infierno capitalista y el paraíso de la revolución”. Así, en términos duales, con la fórmula blanco-negro, bueno-malo, amigo-enemigo, es que el chavismo ha planteado, en general, todos los asuntos de la vida política del país. La estrategia de la polarización y el radicalismo. Lo toma o lo deja. Algo, por cierto, muy viejo. Ya lo hacía en 1933 Hitler en la Alemania nazi, basado en las ideas del ideólogo y jurista Carl Schmitt. Y lo llevó al extremo del paroxismo en el plano del exterminio racial.

Ayer mismo el saliente presidente de la Asamblea Nacional, Fernando Soto Rojas, al hablar del proyecto de ley del trabajo, regresó al planteamiento dualista: “Tenemos que romper con el lienzo de la esclavitud salarial. Esto va a ser un tema de debate importantísimo debido a que va a contribuir significativamente a definir la base que tiene la oposición. Va a quedar muy claro: ¿Con quién estás? ¿Con el infierno del capitalismo o el paraíso de la Revolución?”, dijo.

Se trata, más de una estrategia en tiempos electorales -que la es también-, de un pensamiento que ha calado en el chavismo “duro” y que prácticamente vertebra todos los elementos, tanto del discurso como de la acción. El nosotros y ellos. La diferenciación. Y a la postre la división. Y lo ha hecho (bien, desde su racionalidad política) en tres etapas: la persuación (oferta con piel de cordero), el convencimiento (el elemento utilitario) y la ideologización (la fe ciega, sin mi no hay salvación posible).

Los grises, los matices no entran en juego, aunque existan.

La misma acción de gobierno tiene mucho de capitalismo. Sobre todo en el ámbito del mercado petrolero internacional, donde se practica dogmáticamente la ley de la oferta y la demanda, y se defienden los altos precios del crudo, bajo el ardid de los “precios justos” (a los países pobres y poco favorecidos por la naturaleza no deben parecerle muy justos). Pensar en que por razones de diferenciación ideológica se dejará de vender el preciado bien al enemigo “el imperio (EEUU)” es anatema. Puede haber mucho discurso en este sentido, pero la realidad es otra.

El llamado por Soto Rojs “paraíso de la Revolución” tampoco parece ser tal, en un país con el índice inflacionario más alto de América Latina, una tasa de homicidios realmente espeluznante, una justicia cooptada por el poder político y un sistema de contrapesos institucionales precario, con espacios “cedidos” a la oposición por mero trámite y para el barniz democrático, de cara al mundo.

La fórmula dualista, en el fondo, es bastante salvaje. No sólo impone a la persona una espada de Damócles, sino que trastoca y agrede la libertad individual del pensamiento autónomo.

Al fin y al cabo, retomando la referencia inicial, los ideologos del nazismo fueron todos socialistas: Sombart, Sorel, Plenge, Lensch, Moeller van der Bruck y Werner Sombart, marxista impenitente, quien terminó redactando el programa económico del Tercer Reich. Y ya sabemos en qué paró todo aquello. Al igual que el llamado “socialismo real”.

@afnays |@notiglobo

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