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Alejandro Jesús Ceballos Jiménez: Hay que reconocer el esfuerzo colectivo en las empresas

Alejandro Jesús Ceballos Jiménez - Hay que reconocer el esfuerzo colectivo en las empresas - FOTO

El empresario cree que la labor de los trabajadores debe ser recompensada no solo con beneficios laborales, sino compartiendo con ellos parte de lo que es la plusvalía que genera una compañía


NotiGlobo.- La constructora Alfamaq se ha erigido como una de las empresas del sector que más ha aportado y contribuido al desarrollo nacional, y mucha de la responsabilidad de todos esos logros recae hoy día en los hombros de su presidente, Alejandro Jesús Ceballos Jiménez, quien no solo busca consolidarse todavía más a nivel local, sino hacerlo también a escala internacional.

Alejandro Ceballos nació en Colombia en 1958 por las circunstancias políticas (exilio) de sus padres, y un par de semanas después viajó a Caracas, donde creció y se formó. Estudió primaria en el Colegio La Salle de La Colina, el bachillerato lo completó entre el Liceo San Luis de El Cafetal y el Instituto Nueva Esparta, y realizó estudios de economía entre la Universidad Católica Andrés Bello y la Universidad de Carabobo.

En todo ese tiempo, y en el que estaba por venir, Ceballos demostró haber heredado la vena de su estirpe (cuyo legado guarda y practica como mantra existencial y profesional), incluyendo lo que él mismo califica como lo existencial, lo denso, lo poético, lo pasionario, lo literario y lo pragmático. Eso, y una apuesta absoluta y pasionaria por Venezuela y sus gentes.

En ese tiempo también se dio su matrimonio y su transformación en padre, circunstancia que lo llevó a Valencia, donde le fue encargada a su empresa la remodelación total del Colegio de Médicos de Carabobo y la construcción de un lote de viviendas en Naguanagua. Eso, en perspectiva, podría considerarse como el arranque de un camino que lo llevó a levantar lo que es hoy día la Empresa Alfamaq.

Una historia de grandes obras

La Empresa Alfamaq aglutina hoy en día todas las actividades empresariales de Alejandro Ceballos Jiménez en el área de la construcción, y entre las muchas obras desarrolladas por la firma destaca la construcción de la planta de tratamiento de aguas residuales ‘La Mariposa’, ubicada en Valencia. Esta es una obra de carácter ambiental cuya magnitud la posiciona como una de las más grandes de Latinoamérica.

La compañía también afrontó el desafío de la adecuación integral de una de las joyas arquitectónicas más emblemáticas de Venezuela: el Hipódromo La Rinconada. En Los Valles del Tuy, construyó a finales de 2015 el Complejo Urbanístico Colinas de San Francisco de Yare, el cual cuenta con 1.540 viviendas multifamiliares para la clase media.

Internacionalmente Alfamaq también ha logrado importantes desarrollos en la construcción, y un buen ejemplo de eso es el conjunto residencial Costa Esmeralda, que se encuentra ubicado en la ciudad de Panamá (país donde también construyó el conjunto residencial Altamira Gardens, que cuenta con 9 edificios de 5 pisos).

Ceballos Jiménez igualmente preside la compañía Ferretería Alfamaq, la cual es proveedora de materiales para la construcción, al igual que la Sarlef Limited Company (con sede en Londres), una corporación importadora de materiales de construcción para asociaciones estratégicas con empresas chinas y brasileñas. También comanda Wodson Internacional, la cual está en España y abastece equipamiento para edificaciones (puertas, pocetas, etcétera).

En general, ha construido unas 200 carreteras y 100 puentes en 37 años de labor. Últimamente ha incursionado en el ramo hotelero con perspectiva de expansión continental y, de momento, construye un hotel propio en Lecherías (Anzoátegui).

La voz del empresario

Alejandro Ceballos Jiménez habla de lo que es su concepción de lo que debe ser un empresario venezolano, y señala que para él la competitividad y la productividad definen el éxito en los negocios, aduciendo que para ser competitivo uno de los principales factores a tomar en cuenta es reconocer el esfuerzo colectivo, por lo que aboga que haya una mayor participación en los beneficios de la clase obrera.

“Los venezolanos debemos que entender que, independientemente de cualquier gobierno, nosotros tenemos que tener conciencia de que los trabajadores tienen que tener una mayor participación en la plusvalía que produzca cualquier empresa”, expone, a la vez que explica: “Lo puedo demostrar en el éxito del Haras Urama (de su propiedad): mis caballericeros y cuidadores, capataces y veterinarios tienen un porcentaje de las utilidades de las ventas”.

“Al darle una participación mayor a la que corresponde por ley sentirán que tienen un mayor beneficio a mayor esfuerzo”, agrega, enfatizando el valor de estimular a sus colaboradores no solo a través de beneficios económicos sino con la mencionada plusvalía, y sosteniendo que este principio lo aplica en todo su circuito de empresas.

“Si haces un esfuerzo hacia una labor, no puede ser que la ganancia sea solo mía, porque el interés de ellos no es que yo triunfe, porque en todo caso triunfaré yo solo. Si el sacrificio es de todos y el beneficio es mío, nadie va a trabajar con la misma voluntad”, comenta.

Hipismo, la gran pasión

La otra gran pasión de Alejandro Ceballos es (como se ha visto en estas mismas líneas) el hipismo, la cual le viene de la línea materna. También le viene de la suerte que tuvo a los cinco años cuando acertó una combinación de seis ejemplares en La Rinconada que pagó 70 mil bolívares, una auténtica fortuna en 1963.

El empresario compara las emociones que genera el hipismo con ‘darle un beso a una mujer bella’, y revela que su ambición en la materia no es la apuesta, sino contemplar y proyectar la disciplina como un deporte, y, más personal y específicamente, mejorar la genética venezolana con respecto a los purasangre.

En ese sentido, Ceballos se inspira en el éxito de los venezolanos (jinetes, entrenadores, etcétera) en el escenario internacional, y quiere que esos logros también tengan que ver con los ejemplares. “¿Por qué no podemos tener los mejores caballos? Mi foco es que Venezuela también es viable de tener los mejores caballos del mundo”, dice, fijándose la meta de seis o siete años para lograr su cometido.

“Si no soñáramos no seríamos humanos. Soñé en formar una gran corporación en el ámbito de la construcción y sigo soñando que vamos a ser una corporación importante también en América Latina y Norteamérica”, revela.

Visión de país

A Alejandro Ceballos Jiménez le preocupa la potencialidad estancada de Venezuela. “Hace 205 años éramos el primer productor de cacao y café, y no éramos capaces de mezclarlo con leche y mandarlo a España. No éramos capaces de aportar mayores insumos para darle valor agregado. Han pasado 205 años y vendemos aluminio en cilindros y nos lo regresan desde Francia en vagones de Metro. Así un país no se puede desarrollar”, se queja.

“No hemos sabido invitar a inversionistas o hacerlo nosotros mismos. Solo vendiendo materia prima es imposible lograr el desarrollo. Por más que vendamos materia primera siempre estaremos perdiendo”, prosigue, alegando además que en el país no hemos entendido que somos petroleros y de minerales, y que, en esta perspectiva, ha debido perfilarse a la nación con miras a su desarrollo sostenible.

“Somos un país más minero que petrolero: tenemos la mayor reserva de bauxita, carbón, hierro, diamante, oro, ahora el coltán. Solamente en el arco aurífero en 200 metros nada más hay más de 300 mil millones de dólares”, expone, a la vez que lamenta que Venezuela solo tenga una planta procesadora de hierro disponiendo de tanto material primario, y que la industria petroquímica sea tan pequeña para la producción que tenemos. “Ningún gobierno ha entendido cuál es el camino para desarrollarnos. Me preocupa cuando no tenemos una orientación seria de cuál es el rumbo que debemos tomar en materia económica: no hay que preciar la economía por principios sociales, porque es la fuente que te va a permitir el desarrollo”, sentencia.

(Con información de Alejandro Jesús Ceballos Jiménez)

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