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Hacienda Santa Teresa y Proyecto Alcatraz: ¡Rugby para la vida y la libertad!

La Hacienda Santa Teresa, empresa de capital venezolano presidida por Alberto Vollmer, se ha encargado de cambiarles la vida para bien a muchos jóvenes a través del conocido Proyecto Alcatraz, su programa de rugby penitenciario desarrollado por el brazo social de la compañía, la Fundación Santa Teresa.

Una de esas vidas que dieron un giro positivo es la de Israel Armas Toro, muchacho que en 2010 fue apresado y condenado por un delito que él jura no haber cometido. Sin embargo, fue juzgado y procedió a transitar por años por hasta tres cárceles. Su destino se estaba tornando muy oscuro cuando el rugby y el Proyecto Alcatraz llegaron a despertarlo de una especie de pesadilla hace casi un año.

Fue en 2017 cuando ‘El Chino’, entrenador del Proyecto Alcatraz, lo invitó a jugar a esta particular disciplina. Israel no la conocía ni la entendía, pero aceptó el reto ante la insistencia de que el equipo de Santa Teresa necesitaba a un hombre como él, rápido y fuerte, para ocupar uno de los puestos laterales. Lo único que necesitó entonces fue fuerza de voluntad, una inducción rápida, y listo.

No le fue muy bien en su primer partido, sin embargo. Allí conoció muy ponto lo que era un tackle y, sobre todo, lo que era el dolor provocado por el mismo. Estuvo un mes de baja, y ese tiempo lo aprovechó para alimentar sus deseos de triunfar en esta nueva pasión. Regresó a los terrenos, por supuesto, y comenzó a entrenarse en serio esta vez, con prácticas cada vez más exigentes y fuertes en su penal de reclusión, siempre bajo la mira inquisitiva de sus entrenadores.

El comienzo del verdadero cambio

La actitud de Israel, gracias al rugby, empezó a cambiar entonces. Sus siete años de reclusión en Tocorón, la Penitenciaría General de Venezuela y 26 de Julio lo habían dejado marcado de por vida, sí, pero eso no era motivo para rendirse. Menos cuando la oportunidad de crecer venía en bandeja de oro servida por la Hacienda Santa Teresa.

El régimen cerrado de la Penitenciaría 26 de Julio (San Juan de los Morros) es fuerte, sumamente disciplinado. Es un orden que envuelve a los reclusos en una especie de soledad que, no obstante, fue aprovechada por Armas Toro para reflexionar sobre lo que sentía al jugar rugby. Llegó a la conclusión de que era energía y bondad.

Esas sensaciones las perdió a los 18 años cuando fue apresado por salir a comprar a un abasto en una moto prestada de un amigo que, lamentablemente, resultó estar solicitada. Nada de lo que dijo o argumentó lo salvó de una sentencia a 9 años de cárcel por robo agravado. Pasado el tiempo, y experimentando las vivencias del rugby, el ahora hombre comenzó a sentir de nuevo, y a ver fuerza en la unión por sobre la individualidad, en la armonía por sobre la hostilidad típica de un reo.

¡Y todo gracias al Proyecto Alcatraz y sus ganas de portarse bien para salir libre! Esas ganas, por cierto, fueron evidentes para su entorno, el cual notó de inmediato el cambio de actitud para bien del joven pasados los primeros meses de formación con la iniciativa de la Hacienda Santa Teresa y su presidente Alberto Vollmer, una que nació en 2003 con el objetivo de reinsertar laboral y socialmente a jóvenes miembros de bandas delictivas del sector El Consejo, estado Aragua.

¡Vida nueva!

El Rugby Penitenciario inició en 2013, y hoy día casi 300 reos de ocho recintos penitenciarios se ven beneficiados con él al descubrir valores como el respeto y la amistad con la práctica de este deporte. Israel Armas Toro es uno de los más llamativos ejemplos de este programa, y es por eso que Luis Moya, Gerente de Operaciones del programa de la Hacienda Santa Teresa, redactó una carta donde constaba que desde abril de 2017 el muchacho jugaba rugby y era un deportista con buen comportamiento.

Esa carta la recibió Rubén, padrastro de Israel, quien se encargó de entregarla a la jueza encargada del caso de su hijo. Lo que pasó entonces fue mágico: La autoridad decidió que Armas Toro cumpliría los dos años que le quedaban de pena en confinamiento en San Sebastián de los Reyes (Aragua), lo cual significaba que el joven podía ser ‘libre’ siempre y cuando se mantuviese en el territorio asignado.

Luego, el 13 de octubre de 2017, el sueño se hizo realidad: En plena práctica para el torneo de rugby penitenciario, llegó la noticia de la libertad de Israel… ¡Alegría! ¡Libertad total por fin! Todos celebraron por él, un jugador ya ex reo que, sin embargo, se las apañó para poder jugar en el campeonato carcelario… ¿Y qué ocurrió allí? ¡Que Israel lo explique mejor!:

Me fui de la prisión, pero el rugby y mis amigos se quedaron conmigo. Ahorita me van a prestar una franela, con el número 9. ¡Ya me vas a ver! Aquí hay equipos que juegan mejor que nosotros, que tienen más experiencia, pero nosotros nos disfrutamos los partidos y le ponemos corazón.
¿Ves esta vista? Familia, hijos, hermanos, tíos, todos vienen a vernos jugar rugby en esta hacienda. La cárcel te aísla. No dejan que te visiten ni tu mamá, ni tías, ninguna mujer. Y solo puedes hacer llamadas de 5 minutos cada 15 días. Tú estás ahí, hablando rapidito, y te trancan el teléfono porque se acabó el tiempo. En la cárcel la vida no es fácil.
Uno a los chamos tiene que enseñarles qué se puede hacer y qué no, con quién juntarse y con quién no, para que no pasen por esto. Pero ya la cárcel forma parte de mi pasado. Soy otro Israel, y quiero prepararme para ser entrenador de rugby. Quiero hacer con otros lo que el Proyecto Alcatraz hizo por mí. El rugby me dio la libertad. Y la libertad es hermosa
”.

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